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Paula también es feminista

Entré en Google para saber quién era Paula Echevarría. No sabía si era cantante, actriz o solo la pareja de alguien. Ya me he enterado y, de paso, del lío sobre su declaración de que no es machista ni feminista.

Y resulta que sí que es feminista, pero le pasa lo mismo  que al personaje de Molière que hablaba en prosa sin saberlo. A la pregunta de un periodista sobre cómo se sentía por vivir a la sombra de su marido, ella contestó con lo que es el primer principio del feminismo : “ Yo me defino como persona.” O sea,  como una mujer que se gana con su trabajo el derecho a una identidad propia, a ser reconocida por sí misma y no por su relación con un hombre.

Eso mismo defendía doña Emilia Pardo Bazán, combatiendo lo que llamaba el “destino relativo de las mujeres “, condenadas por la sociedad a ser la señora de, la madre de, la hija de … el varón correspondiente.

A Paula Echevarría le ha pasado lo mismo que a cientos de personas, que confunden el feminismo , “la ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres” ( según la definición de la RAE)  con manifestaciones de las “quemadoras de sostenes “ o las de “matar al macho”. Y por eso consideran similares feminismo y machismo.

En estas mismas páginas, Fernanda Tabarés ha aclarado  el error : No es  igual denunciar que cada año violan a miles de mujeres que considerar que la crianza de la prole es cosa de chicas, ni denunciar que cada año miles de mujeres cobran menos por el hecho de serlo que indignarse si te sugieren que cojas una sartén siendo un hombre de pelo en pecho.

Estoy segura de que Paula Echevarría firmaría debajo de todo lo que Fernanda Tabarés considera feminismo. Si  se publicasen más artículos como ese, si más escritoras no evitasen el calificativo de feministas, aun siéndolo, Paula Echevarría no cometería un error del que todos somos en parte responsables. También los lectores que dicen : ya están esas danto la tabarra con el feminismo. Pues sí.

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2017/05/31/paula-tamen-e-feminista/0003_201705G31P16992.htm

 

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Aquí seguimos

 

¿Hasta cuando las mujeres tendrán que trabajar 109 días más al año para cobrar el mismo salario que los hombres , por el mismo trabajo?

¿Hasta cuando la ganancia media anual de las mujeres será de 6.000 euros menos que la de los hombres?

¿ Hasta cuando las mujeres que optan por un trabajo a tiempo parcial para ocuparse, por ejemplo, de la crianza de los hijos , cobrarán un 26% menos por hora que las que trabajan a jornada completa?

Son datos que aparecen en un estudio realizado por CC.OO. en el que queda patente no solo la desigualdad entre hombres y mujeres en el mercado de trabajo sino la  nula atención que se presta a la conciliación.

Seguimos siendo un colectivo marginado. Quizá porque no hemos hecho una revolución. No tenemos una Toma de la Bastilla, ni un 1917 que celebrar, ni siquiera un mayo del 68. Tampoco unas Panteras Negras o un partido Mau Mau… El movimiento feminista es pacífico, no utiliza la violencia para imponerse. A lo sumo queman sus propios sostenes,  nada comparable a una buena sesión de guillotina o a un  degüello.

Las armas de las mujeres son las palabras,  por eso seguimos preguntando ¿hasta cuando esa injusta discriminación? Y aguantando que nos digan “¡otra vez! ¡qué tabarra!. Pues sí, aquí seguimos, junto a esas mujeres que trabajan igual o mejor que los hombres y cobran menos. Y seguiremos, porque el otro camino es el que tan dramáticamente cantó Rosalía de Castro, el de tomarse “A xusticia pola man”.

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2017/02/12/seguimos%20/0003_201702G12P14993.htm

 

 

LAS MEDIDAS DE LOS HOMBRES

En la novela Lucy ( 1990 ) de la escritora caribeña Jamaica Kinkaid hay al menos un par de comentarios al desgaire que sin duda llamarán la atención a muchos lectores.
Al describir al matrimonio en cuya casa trabaja, la protagonista dice de la esposa que es un poco más baja que el marido, y que eso le parece mal : “Siempre es mejor – dice – que la mujer sea un poco más alta que el marido “ . Un poco más adelante, al hacer la descripción de un chico que le gusta, comenta : “Era unos diez centímetros más bajo que yo y eso me parecía muy apropiado “.
Al leerlo , una no puede menos que cuestionar por qué llevamos siglos oyendo que una buena pareja es aquella en la que es más baja la mujer que el hombre . No se trata de una razón estética : desde un punto de vista estrictamente formal se puede preferir la igualdad de talla , pero , puestos a reunir dos cuerpos de diferente medida, es indiferente que sea más alto el hombre que la mujer. Tampoco la fisiología aporta razones de peso a esta preferencia, que parece basada exclusivamente en esquemas culturales que vinculan la altura a la superioridad , no sólo física sino social.
Ahora las cosas están cambiando , pero yo recuerdo a un compañero de
facultad que salía mucho conmigo y a quien claramente se notaba que yo le gustaba . Era mucho más bajo que yo y todo el mundo decía que parecíamos la ele y la i . Yo era muy joven y aquello influyó en que nunca lo pudiese ver sino como un buen amigo . Tardé aún muchos años en darme cuenta de que la medida más importante de un hombre no es la que va desde la cabeza a los pies… Y no piensen ustedes solamente en eso que están pensando . Lo que quiero decir es que la medida que de verdad importa está en la mente humana y esa no se mide en centímetros.
Confío en que la gente joven haya superado tantos prejuicios estúpidos que limitaron nuestras vidas. Y me alegro de que a la Lucy de Jamaica Kinkaid le guste que la mujer sea la más alta de la pareja. Y como, además, es una buena novela la recomiendo a quienes no la hayan leído.