Indignación y pena

Va a resultar cierto eso que circula por la web de que encargarle a un Banco que guarde tu dinero es como poner a un zorro de guardián de un gallinero.

Todavía cuando me despierto por la mañana creo que ha sido un mal sueño que las acciones de Banco Pastor que me dejaron mis padres y que ellos consiguieron con tanto esfuerzo hayan desaparecido sin dejar rastro, y sin que nadie diese una voz de alarma. Y también me parece un mal sueño que el presidente del Gobierno y sus ministros estén tan satisfechos y digan que la operación no va a costarle ni un euro a los contribuyentes. O sea, que los miles de accionistas del Popular , vendido al Santander por un euro,  no somos contribuyentes, por lo visto. ¿Significa eso que el año próximo no tendremos que pagar impuestos a Hacienda? Pues no; sencillamente somos un insignificante daño colateral, que sólo empezará a preocuparlos cuando lleguen unas elecciones y haya que rapiñar votos.

Mis acciones eran del Pastor, las heredé, y no las vendí cuando estuvieron muy altas por la misma razón por la que no vendo la casa donde mis padres vivieron: porque quería dejarles a mis hijos, que nacieron y viven y trabajan en Madrid, ese vínculo con mi tierra. No ha podido ser: los zorros no entienden de sentimientos, se zampan las gallinas y tan contentos. Pero los que han participado en esa operación podían, al menos, mostrarse  menos satisfechos con el degüello.

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2017/06/16/indignacion-pena/0003_201706G16P17991.htm

 

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