El precio de la igualdad

La muerte de 51 mujeres a manos de sus parejas o ex parejas nos lleva a a preguntarnos qué estamos haciendo mal, qué es lo que falla en las medidas de protección o de prevención. Fallos concretos los hay, empezando por la educación de esas jovencitas que consideran signos de amor el comportamiento machista de sus parejas y acabando en la postura de negligencia de algunos policías y jueces a la hora de evaluar los riesgos. Pero más allá de los inevitables fallos humanos e incluso institucionales, hay que recordar que la igualdad y la libertad nunca se ha conseguido de balde.

Las mujeres seguiremos aun durante mucho tiempo pagando el precio de nuestra emancipación. Durante siglos, la mujer ha sido considerada una posesión del varón; primero del padre, y después del marido, si se casaba, o del hombre que ejercía el papel de patriarca de la familia. Y lo que era un hecho social se convirtió en un hecho “natural”, aceptado por hombres y mujeres.

Los hombres que matan a la mujer que quiere abandonarlos están aplicando la norma de “la maté porque era mía”, de tanto arraigo popular. ¿Cómo arreglarlo? ¿Cómo superar esas ideas de dominación y sometimiento? Creo que sólo lo superarán las personas que desde la infancia hayan sido educadas, tanto en la familia como en la escuela, por personas que , a su vez, hayan crecido en un mundo de igualdad y respeto a la mujer. Para generalizar esto, échenle décadas. Y hasta entonces lo que se debe hacer es no tirar la toalla y seguir insistiendo en una educación paritaria.

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