BOFETADAS Y NO SOLO DE CINE

He vuelto a ver LA. Confidential, una película de 1997 sobre la corrupción policial en la ciudad de Los Angeles. Y también La chica con la maleta, una película de Zurlini, del año sesenta y dos, que no había visto desde entonces. Trata de la relación entre una chica de clase social baja, guapísima y un poco tonta, a quien los hombres utilizan de mala manera, y un adolescente de familia aristocrática, que pretende protegerla y acaba enamorándose de ella y utilizándola igual que todos los otros.
Me llamó la atención que en las dos películas los hombres les dan de bofetadas a sus novias o amantes sin que la cosa revista mayor importancia. En la película de Zurlini, Gian María Volonté le pega la Claudia Cardinale cuando ella, fracasado su intento de independizarse, vuelve en busca de trabajo a la orquesta en la que él toca. Curiosamente este hecho no fue apenas comentado en una tertulia de cinéfilos de la tele, que se centró en la análisis formal de la obra y en el estudio psicológico del enamoramiento del adolescente. Yo comprendo que desde el punto de vista formal no se puede comparar la bofetada de Volonté con la de Glen Ford en Gilda, por ejemplo, pero pienso que la resignación al mal trato por parte de la protagonista y la poca importancia que le dan los mismos que la defienden, merecería ser comentado con un poco mas de detenimiento. Por lo que se refiere a la película americana, treinta y cinco años posterior, encontramos en ella a un policía, conocido por su defensa de las mujeres víctimas de la violencia, pero que olvida esos buenos propósitos cuando él se considera engañado. Situación pintoresca porque ella es puta de profesión, y está en activo, por lo que lo mas sensato sería pensar que hizo lo que hizo obligada por el chulo de quien depende. Pues, no señor; antes de nada, bofetada, y por partida doble.
En fin, denunciar bofetadas cuando tantas mujeres mueren en España víctimas de la violencia de los hombres con quien convivían, puede parecer un tanto ocioso. Pero así se comienza: por la indiferencia de la sociedad ante un hecho demasiado habitual por desgracia. Cuando les preguntan a los vecinos porque no intervinieron en los casos en que presenciaron (u oyeron ) de palizas a mujeres, dicen con gran frecuencia que “eso son cosas de matrimonios que tienen que resolver ellos”

Yo me acuerdo que, haciendo el servicio social en Santiago, conocí a una mujer a quien su pareja le pegaba cuando se emborrachaba… hasta el día en el que un hermano de ella le dio una paliza y lo amenazó con matarlo si le ponía de nuevo la mano encima. Santo remedio; ni borracho ni sobrio le volvió a tocar. Si los hombres que apalean en las mujeres no contaran con la indiferencia de la sociedad, habría menos bofetadas y seguramente menos mujeres muertas al año.

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