El gesto del cansancio

¿Es posible que el amor muera de pronto ? ¿ Es posible levantarse una mañana y sentir que ya no quieres a alguien?…
Me lo preguntas sin poder creértelo, con la esperanza de que no sea cierto que la persona que llenaba tu vida se haya ido. Sucedió un viernes, me dices, y parece el título de película o de un relato. Sucedió un viernes y pudo ser cualquier otro día, de cualquier otra semana , de cualquier otro mes… porque el amor no se va de golpe, se va yendo despacio y por eso no nos damos cuenta hasta que ya está lejos, hasta que el otro dice o hace algo que de pronto revela la distancia, el abismo que separa al que ya no quiere del que sigue queriendo.

Azorín cuenta muy bien en Doña Inés el primer gesto del cansancio, del amor que empieza a irse. Es apenas perceptible, incluso para quien lo está haciendo. Un día, en lugar de ir directamente al encuentro de la persona amada, se tuerce por otra calle: o se aprovecha el viaje para hacer un recado; el impulso que llevaba ansiosamente al amante ha¬cia el ser amado ha decaído; el mundo comienza a cobrar vida por sí mismo y no sólo en función de su presencia. Después empiezan a parecer ridícu¬los muchos de los actos realizados en los momen¬tos de pasión… Lo cuenta bien Azorín y es mejor que lo leas allí. También lo cuenta, de forma más tosca, Espronceda en el Canto a Teresa. Le pregunta a ella, a la mujer que lo amó por encima de todo lo prohibido, cómo pudo ser que tanto amor acabase en hastío, que cuanto le había dado placer le causara «enojos».¡ Menos mal que Teresa se ha¬bía muerto ya !

Yo sólo puedo contártelo desde el otro lado, desde el tuyo de ahora : la sorpresa, la incredulidad, la esperanza y la desesperanza; la sensación de que el mundo se hunde, de que nada es seguro, ni duradero; ese dolor ante el amor que desaparece repentinamente, inesperadamente, un día, viernes por la tarde o una fría mañana de enero… Así que has venido a preguntar a la persona inadecuada. A mí el amor me dura siempre más que al otro y no pue-do explicarte qué quieren decir cuando dicen que han perdido la ilusión y que te siguen queriendo, como amigos, mira tú, como si uno pudiera pasar del amor a la amistad como se pasa del pescado a la carne, o del bañador al abrigo y la bufanda.

Quizá nadie pueda explicarlo. Ni siquiera por qué te lo dicen ese día y no cualquier otro, antes o después. No se olvida de golpe. Lo dice muy bien Neruda: “Ya no la quiero , es cierto, pero tal vez la quiero: es tan corto el amor y es tan largo el olvido”…

¿Cuándo empieza ese olvido? Ni ellos mismos , los que olvidan , lo saben. Y quizá sea mejor para el olvidado no darse cuenta, quizá sea mejor esa sorpresa brutal de un viernes por la tarde o de una fría mañana de invierno a la consciencia de un proceso de desamor progresivo e imparable. Doña Inés de Azorín, enamorada de un hombre mucho más joven que ella, se va cuando él la ama aún apasionadamente. Prefiere el dolor de la separación al de sentir el inevitable cansancio del amante. Ya ves, cada uno lo arregla a su manera.

Pero lo que tú quieres saber es por qué a ella, la que te quería, el amor se le acabó antes que a ti; por qué , si tú la sigues queriendo, ella ha dejado de quererte; por qué, si ni siquiera hay otra persona en su vida que justifique el abandono, ella te ha dejado; por qué, si te quiere , ese cariño no le basta para seguir a tu lado… ¡ Ay! A mí también me gustaría saberlo.

Dicen que hay personas que para sentirse a gusto en la vida necesitan el entusiasmo de los primeros momentos del amor. Y cuando la pasión se hace costumbre buscan un nuevo objeto que les proporcione aquella especie de embriaguez. Y dicen que hay otras que pasan de forma natural de la pasión a la ternura y al cariño. Y hay a quien el entusiasmo le dura muy poco y hay a quien le dura mucho tiempo. Lo que no hay es forma humana de saber a qué clase pertenece la persona de la que te enamoras. O si la hay no queremos enterarnos . Y lo habitual es que quienes vamos de “firmes y verdaderos” nos enamoremos de encantadoras y tornadizas veletas.

No sabes cuánto me gustaría poder darte un consejo o un consuelo, pero has ido a dar, me temo que una vez más, con la persona inadecuada. Lo lamento de veras, chaval.

Artículos antiguos – El Semanal 19/01/97

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